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Fans mexicanos y coreanos se enfrentan cuando suena “Gangnam Style” en un bar
Lo que empezó como tensión terminó en un momento compartido en el escenario del Mundial
El ambiente en México se ha ido construyendo alrededor de una de las celebraciones globales más grandes, donde las nacionalidades y los idiomas pasan a segundo plano. El Mundial sigue mostrando cómo el fútbol se convierte en un lenguaje compartido, reuniendo culturas distintas en un mismo espacio y llevando la competencia a algo que muchas veces va más allá del terreno de juego.
La relación entre Corea del Sur y México en el fútbol se remonta al Mundial de Rusia 2018, recordado por un resultado deportivo inesperado y la reacción relajada de los aficionados mexicanos.

Un recuerdo del Mundial aún presente
En ese torneo, Alemania necesitaba ganar contra Corea del Sur para mantenerse en la competencia. El equipo coreano terminó ganando 2-0, un resultado que también ayudó a México a clasificar a los octavos de final. La reacción de los aficionados mexicanos fue inmediata, con celebraciones tanto en Rusia como frente a la Embajada de Corea del Sur en la Ciudad de México, donde incluso levantaron a ciudadanos coreanos en hombros como parte de la celebración.

Ahora, con México como anfitrión, ese recuerdo sigue presente en la cultura de los aficionados. A pesar de que ambos equipos están en el mismo grupo y se enfrentarán más adelante en el torneo, el ambiente en los partidos y las fan zones se mantiene relajado hasta el inicio del juego. Fuera del estadio, la interacción entre aficionados sigue siendo social, con momentos de competencia amistosa en eventos de la FIFA y en zonas clave de las ciudades sede.
Sin verdadera competencia fuera del campo
En varios encuentros, los aficionados mexicanos han retado a los seguidores coreanos a bailar “Gangnam Style” cada vez que suena la canción. La respuesta ha sido igual de abierta, con aficionados coreanos uniéndose y convirtiéndolo en batallas de baile informales más que en enfrentamientos. Es en uno de estos escenarios, dentro de un bar, donde un momento que pudiera haber parecido tenso entre ambos grupos cambió cuando la canción empezó a sonar, modificando por completo la dinámica.
El torneo continúa mostrando cómo el ambiente fuera del campo puede ser muy distinto, donde las verdaderas batallas se reservan para el día del partido. Hasta el silbatazo inicial, la rivalidad no se define por completo y las interacciones se mantienen más cercanas a la celebración compartida que al conflicto.
Los aficionados mexicanos han seguido marcando ese ambiente, impulsando una fuerte cultura de afición basada en la atmósfera, la música y la inclusión. La intención ha sido hacer que los visitantes se sientan bienvenidos, dejando una impresión más amplia del país y su gente durante el torneo.





























